Las putas no besan mija, le dijo la madama a Juanita, la nueva adquisición de la casa de citas del pueblo…
Hace muchos años, muchos años antes de nosotras y antes de aquellas que fueron antes de ellas…allá en los tiempos de la primera puta, así se decidió porque en un beso se entrega el alma. No puedes entregar el cuerpo y también el alma... mijita, las putas no se enamoran!! Este es un trabajo como cualquier otro, nosotras prestamos un servicio y el señor servido paga... esto no es amor!!
Te voy a contar una historia que escuche hace muchos años, de ese tiempo de cuando yo empecé a ser puta. No se de cuándo es ni si ha sufrido cambios, pudo ser en los inicios de nuestra profesión, que sabrá usted es la más antigua o puede ser de hace menos tiempo pero de algo estoy convencida… es real!
No recuerdo bien la historia pero es algo así: Esta era una joven como tú, aprendiz de puta y una noche llegó un hombre muy bien parecido al burdel donde ella trabajaba, al verla pues era muy hermosa y la más joven e inexperta de todas la eligió. La Señora de la casa la llamó a parte para hacerle las recomendaciones de cuidado, pero sobre todo aquellas que ayudaban a que mantuvieran al cliente como un cliente habitual del burdel… no así recordándole la leyenda del beso, pues ya en el entrenamiento se la había contado.
Este hombre alto, fornido, blanco de cabellos negros y ojos azules le invitó un trago y le preguntó si había cenado, ella con vergüenza le dijo que no y era que la chica había trabajado todo el día lavando la ropa de las putas más viejas, arreglando sus trajes y sus tocados, pues esa era una de sus tareas. El hombre pidió una botella de vino, de esos vinos muy buenos y una entrañita con papas, ella a pesar de su timidez devoró lo que había en el plato pues se moría de hambre. Luego de esto el caballero pagó la cuenta, besó su frente y se marchó.
La madama, llamó a la chica a su alcoba para preguntarle qué había hecho con el hombre, de qué habían conversado y por qué se había ido tan pronto sin solicitar sus servicios… la muchacha contó que él le había hablado de sus viajes por el mundo, de sus comidas favoritas, de la torre Eiffel y de una torre que está en algún lugar del mundo que se esta cayendo desde haaace raaato, tanto que ya esta de lado pero que no se termina de caer. La madama sacó de un cofre una bolsa de monedas de oro y se la entregó como pago del caballero por tan grato momento… ella no entendió si merecía o no el pago, pero lo guardó muy contenta, pues al fin podría enviar dinero a su madre y a sus hermanos.
Pasaron las semanas y en todas ellas hubo visitas y hubo trabajo pero aquel caballero tan amable no regresó. Una tarde estando ella sirviendo tragos en una mesa vio en la puerta llegar al hombre del que antes te hablaba, la madama le mandó a llamar y le dijo: ve a tu cuarto, límpiate y ponte ropas lindas que el caballero quiere volver a cenar contigo, ponte bonita, pero hazlo rápido. La joven dejó de servir los tragos e hizo lo que la señora le había indicado.
Al salir del cuarto fue directamente a la mesa y saludó al caballero quien amablemente le acercó la silla, volvió a pedir el vino y la entraña con papas, esta vez no tenía mucha hambre por lo que la conversación fue más extensa que la de semanas atrás… en esta ocasión el hombre la acompañó a su habitación y ella simplemente desde ese día se enamoró, porque nadie la había tratado con tanto cuidado y con tanto cariño como aquel que cuida en noche de bodas a una esposa virgen...
Todos pensaban que él se había enamorado de ella pues desde ese día no faltó ni uno más, la joven enamorada de aquel cliente decidió besarlo, a pesar de la regla de no besar…
Efectivamente él estaba enamorado de ella y ella estaba dispuesta a entregar el alma en un beso y así fue pues después de ese beso la joven murió…
Mucho después los cuentos de la muerte cambiaron pues ya no llegaba sola llegaba con una mujer hermosa que le acompañaba en sus tareas, su mujer. Al fin encontró compañera era esa joven puta que le entregó el alma en un beso…
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